La startup chilena AustralBites creó una línea de nuggets, albóndigas y medallones hechos con mejillones, para acercar la proteína marina a quienes hoy casi no la incluyen en su dieta. Los productos son altos en proteína, bajos en grasa y no llevan sellos de advertencia. Ya se venden en Chile a través del canal de servicios de alimentación.
La iniciativa responde a una paradoja de la industria chilena. Chile es el mayor exportador mundial de mejillones y el segundo productor global, pero cada chileno consume apenas unos 15 kilos de productos del mar al año. En España la cifra es de 28 kilos y en Japón supera los 45. Solo en el primer semestre de 2026, Chile exportó mejillones por 231 millones de dólares, 11.5% más que un año antes.
AustralBites nació como un spin-off del Programa de Envejecimiento Activo de la Universidad de Chile, que dirige Guillermo Ariztía, uno de los socios de la empresa. El primer reto fue crear alimentos con proteína marina que fueran nutritivos, fáciles de comer y bien aceptados. El cofundador y gerente general, Matías Vial, explicó que vieron la oportunidad de acercar los productos del mar a más personas con formatos conocidos y fáciles de preparar.
El equipo eligió el chorito por su disponibilidad, su trazabilidad y su valor nutricional. El mejillón chileno aporta proteínas de alto valor biológico, hierro, zinc, vitamina B12 y omega-3. Su cultivo se concentra en la región de Los Lagos y se considera una de las formas de producir proteína animal con menor huella ambiental, porque no necesita alimento externo.
Convertir el mejillón en nuggets y albóndigas exigió mucho trabajo de desarrollo. Con CETA Alimentos, la empresa probó 23 formulaciones hasta lograr la textura, la estructura y el sabor adecuados. Uno de los mayores retos fue que la proteína del mejillón tiene poca grasa, lo que dificulta conseguir la consistencia necesaria. También hubo que controlar la posible presencia de pequeñas partículas de concha y adaptar procesos y maquinaria para pasar del laboratorio a la producción industrial.
Los productos se probaron en dos pilotos del Programa de Alimentación Escolar con más de 800 estudiantes de Los Lagos y Biobío. Según la empresa, la aceptación promedio fue de 80%. Los niños y las personas mayores están entre sus públicos prioritarios.
El modelo también tiene un componente de economía circular. AustralBites usa choritos que no entran a ciertos mercados por su tamaño o presentación, aunque cumplen los mismos estándares de calidad y trazabilidad, y los convierte en productos de mayor valor agregado.
En Chile, la compañía vende sus productos gracias a una alianza con Global Frozen, distribuidora de pescados y mariscos congelados. Su director ejecutivo, Juan Sebastián Moreno, destacó que crece la demanda de alimentos que simplifiquen el trabajo en las cocinas profesionales. Con este esquema, la startup usa la infraestructura de producción, almacenamiento y cadena de frío de sus socios, y se concentra en desarrollar productos y abrir mercados.
Con apoyo de ProChile, AustralBites inició conversaciones comerciales en Japón, España, Colombia y México. Vial dijo que la empresa ya tiene ventas recurrentes y proyecta ventas acumuladas de 3 millones de dólares en los próximos 24 meses. La compañía participa en Evolve, un programa de ChileGlobal Ventures de Fundación Chile financiado por Corfo. Además, junto con el CIG de Inacap, desarrolló productos con pulpa de salmón, una nueva línea de proteína marina.





