El auge de las proteínas, que en pocos años cambió el portafolio de la industria de alimentos y suplementos, ya llegó a los adolescentes. Un estudio hecho en Argentina con 801 jóvenes de 12 a 18 años de distintas regiones encontró que 10.7% consume suplementos proteicos. De ellos, casi seis de cada diez lo hacen sin indicación de un profesional de la salud.
El estudio lo difundió Profesionales Expertos en Nutrición Infantil (PROFENI). El formato más usado fueron las barras proteicas, que mencionó 75.6% de los consumidores de suplementos, seguidas por la proteína de suero en polvo, con 66.3%. Solo 41.8% de quienes usaban estos productos lo hacía por recomendación profesional.
Los resultados también muestran que el consumo de suplementos no siempre responde a una carencia. El 51.7% de los adolescentes encuestados comía con frecuencia alimentos ricos en proteínas, sobre todo de origen animal, como huevos, quesos, leche, yogur y carnes. Y entre quienes tomaban suplementos más de cuatro días por semana, 43% ya tenía una ingesta alta de proteínas con la dieta.
Los datos muestran cuánto ha entrado la categoría proteica en el consumo masivo. Las barras y los polvos se venden libremente en farmacias, dietéticas y plataformas digitales. Una barra cuesta menos de 3,000 pesos y un envase de proteína en polvo entre 25,000 y 110,000 pesos, según la marca.
Para la industria de ingredientes, el fenómeno confirma la expansión de la demanda de proteínas lácteas como el concentrado y el aislado de suero. También crece la de proteínas vegetales, colágeno hidrolizado y mezclas diseñadas para barras, bebidas listas para consumir, snacks y productos horneados. La barra se ha consolidado como la puerta de entrada a la categoría, porque es práctica, tiene un precio unitario accesible y se percibe como un snack saludable. Eso impulsa la innovación en aglutinantes, fibras, edulcorantes y proteínas que eviten que la barra se endurezca durante su vida útil.
Los especialistas de PROFENI advierten, sin embargo, que lo importante es la calidad general de la dieta y no sumar más proteína. Omar Tabacco, expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría, señaló que el origen de las proteínas importa tanto como su cantidad. Recomendó priorizar las proteínas completas, que aportan todos los aminoácidos esenciales. La nutricionista Florencia Flax Marcó indicó que hay poca evidencia sobre los efectos a largo plazo de un consumo alto y sostenido de proteína en adolescentes.
Los expertos destacaron los lácteos como fuente de proteínas de alto valor biológico y de calcio. Según varios relevamientos citados por Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), los argentinos consumen menos calcio del necesario. También mencionaron el yogur por su aporte de microorganismos vivos.
Los autores aclararon que los resultados no pueden extrapolarse a toda la población adolescente argentina.
El debate plantea retos para fabricantes y formuladores. A medida que los productos proteicos llegan a consumidores más jóvenes, habrá más atención sobre cómo se comunican, cómo se etiquetan y cuál es su perfil nutricional completo, incluidos azúcares, grasas y aditivos. En ese escenario estarán mejor posicionadas las empresas que ofrezcan proteínas de alta calidad, nutrientes complementarios como el calcio y mensajes responsables sobre su uso.





