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ALANUR y El Salvador crean el primer simposio latinoamericano de nutrivigilancia

El Salvador Funcionales

América Latina es una de las regiones de mayor dinamismo dentro de ese crecimiento: el mercado sudamericano de suplementos dietéticos crecerá de 8,370 millones de dólares en 2025 a más de 12,250 millones para 2031, mientras que México —el segundo mayor mercado de la región— alcanzó los 5,780 millones de dólares en 2024 con una tasa proyectada del 7.2% anual hasta 2033.

Detrás de esas cifras hay un vacío regulatorio que la industria ya no puede ignorar: la ausencia de marcos homogéneos de nutrivigilancia que garanticen la seguridad, la trazabilidad y la calidad de los productos que millones de latinoamericanos consumen a diario. Para cerrar esa brecha nació el Primer Simposio Latinoamericano de Nutrivigilancia, impulsado por la Alianza Latinoamericana de Nutrición Responsable y la Asociación de Regentes y Referentes Sanitarios de El Salvador.

El evento marca un hito en la arquitectura regulatoria de la industria regional. ALANUR, fundada en 2011 como la primera asociación de suplementos alimenticios de América Latina, lleva quince años trabajando en la construcción de marcos normativos que garanticen el acceso responsable a suplementos e ingredientes en la región.

La alianza con ARRS para este simposio combina la perspectiva supranacional de ALANUR con el conocimiento técnico-sanitario local de los profesionales salvadoreños que operan directamente en la línea de control y vigilancia de productos en el mercado centroamericano, una sinergia que pocas iniciativas regionales han logrado articular.

La nutrivigilancia —sistema de monitoreo continuo de los efectos de los nutrientes y alimentos sobre la salud de la población— es en América Latina una disciplina en construcción. A diferencia de la farmacovigilancia, que tiene décadas de desarrollo institucional en la región, la vigilancia específica de suplementos nutricionales carece en la mayoría de los países de protocolos estandarizados, bases de datos compartidas y criterios comunes para la notificación de eventos adversos.

Esa brecha genera consecuencias concretas: productos con ingredientes no declarados, dosificaciones fuera de rango terapéutico, interacciones con medicamentos no advertidas y falta de trazabilidad en la cadena de suministro. En Brasil, la ANVISA ha documentado que entre el 30% y el 40% de los suplementos analizados en operativos de control presentan algún tipo de no conformidad con la normativa vigente, un indicador que probablemente se replica en otros mercados de la región con marcos regulatorios menos desarrollados.

El simposio propone abordar estos desafíos desde tres ejes estratégicos: la armonización de marcos regulatorios entre países, el fortalecimiento de los sistemas nacionales de nutrivigilancia y la formación de capital humano especializado en seguridad de suplementos. La participación de regentes y referentes sanitarios salvadoreños como protagonistas del evento no es solo simbólica: son los profesionales que en la práctica operan la línea de verificación entre el laboratorio y el consumidor, y su perspectiva técnica es indispensable para diseñar regulaciones que funcionen en la realidad operativa de cada país.

Para la industria de alimentos y suplementos de América Latina, este simposio llega en el momento preciso. El consumidor regional es cada vez más sofisticado, más informado y más exigente con la evidencia que respalda los productos que elige. Las empresas que construyan su competitividad sobre estándares regulatorios sólidos, trazabilidad verificable y comunicación transparente tienen una ventaja real en un mercado que no para de crecer.

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