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El "maxxing" nutricional, cuando las redes dictan lo que comes

Latinoamérica Fibras

Primero fue la proteína. Ahora es la fibra. Y la lógica es siempre la misma: si algo es bueno, más de eso tiene que ser mejor. Así funciona el "maxxing", la tendencia que desde hace dos años domina los feeds de TikTok e Instagram y que en 2026 tiene a nutricionistas y expertos de la industria alimentaria en una conversación urgente sobre los límites entre la divulgación saludable y la desinformación disfrazada de bienestar.

El ciclo comenzó con el "proteinmaxxing", una corriente que convirtió la ingesta máxima de proteína en un ritual cotidiano para millones de jóvenes de las generaciones Z y millennial. La industria respondió con rapidez: proteína en cereales azucarados, en bebidas energéticas, en galletas. Casi cualquier producto adquirió su versión "high protein". Ahora la fibra dietética ocupa ese mismo lugar, impulsada por el #fibermaxxing, un hashtag que acumula millones de vistas y que promueve llenar cada comida y merienda con alimentos ricos en fibra —semillas de chía, avena, legumbres— bajo la promesa de mayor saciedad, mejor digestión y piel más limpia.

La tracción en el mercado es real. Una investigación de Datassential ubicó a la fibra como el próximo gran movimiento de salud tras la ola proteica. Whole Foods la incluyó entre sus principales tendencias para 2026. Y el CEO de McDonald's, Chris Kempczinski, señaló a la fibra como la tendencia que más espera que transforme la industria en el corto plazo. El CEO de PepsiCo, Ramón Laguarta, fue más directo: "La fibra será la próxima proteína", declaró en una llamada con analistas, anticipando el lanzamiento de Smartfood Fiber Pop y SunChips Fiber, dos nuevos productos formulados precisamente para capitalizar este momento. Conagra, por su parte, registró un aumento del 21% en la conversación social en torno a la fibra en los últimos meses.

El respaldo científico a la fibra es sólido y no está en disputa. Dietas ricas en fibra se asocian con reducción del riesgo cardiovascular, mejor control glucémico, menor incidencia de cáncer colorrectal y una microbiota intestinal más diversa y resiliente. La brecha entre la evidencia y el consumo real es alarmante: cerca del 95% de los estadounidenses no alcanza las recomendaciones diarias de entre 25 y 38 gramos, según datos de Life Time. En ese contexto, que las redes sociales pongan la fibra en el centro del debate nutricional no es, en sí mismo, un problema.

El problema está en la mecánica del "maxxing". Encuestas de GlobalData indican que el 40% de la generación Z y el 45% de los millennials buscan activamente mejorar su salud intestinal, una demanda legítima que los algoritmos amplifican con contenido que prioriza el espectáculo sobre el rigor. Nutricionistas de las universidades de Nueva York y Ohio coinciden en que reemplazar alimentos integrales por suplementos en polvo o aumentar bruscamente el consumo de fibra puede desencadenar distensión abdominal, gases y alteraciones del tránsito intestinal. El incremento debe ser gradual, acompañado de hidratación suficiente, y no existe una dosis óptima universal: el organismo de cada persona responde de manera distinta.

 

Lo que el "maxxing" revela, más allá de la nutrición, es una tensión estructural del ecosistema digital: la velocidad con que una tendencia se convierte en producto, y la distancia que a menudo separa a los creadores de contenido de los profesionales de la salud. La industria alimentaria tiene una oportunidad real para capitalizar el interés genuino del consumidor por la fibra; el riesgo es hacerlo a expensas de la educación nutricional que ese mismo consumidor necesita para tomar decisiones informadas.

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